(escribe El Ciccolinno, del diaro ¨La Gazzetta de la Puta que te parió¨, para la Gaceta Aguafiestas).
Ciento treinta y cuatro horas de parto. Eso es lo que le costó a María de los Ángeles Georgalos de Ghirardeli poder traer al mundo a Alfredo.
Corría el año 1924, y en el pequeño pueblo de Antofagasta de la Sierra, bien al norte de una provincia Argentina llamada Catamarca, en la Argentina, un futuro crack de la medialuna futbolera nacía.
De padres austeros, Alfredito apenas si podía comer de chiquito: sus padres apenas podían lograr juntar las monedas para el pan de cada día, y el pobre Alfredito apenas si comía un poco de ñaco, acompañado de (cuando el día era bueno) un no tan generoso pedazo de ese pan campero tan rico llamado ¨Galleta¨.
Alfedito era (ERA) flaquito, algo desnutrido y con unas costillas casi a la vista, pero le ponía mucha onda.
De chiquito aprendió a saber el valor de cada centavo: sus padres le hacían contar las monedas que cada día traían a casa, por lo que a los dos años, Alfredito ya sabía sumar, restar, sacar la raíz cuadrada de catorce, y dividir en fracciones.
Pero esa vida de austero contador no le complacía al pequeño Alfredo, y decidió volar más alto, mientras cursaba el quinto grado en la escuela ¨Sagrado Corazón¨ de Antofagasta de la Sierra.
Para esa época, Alfredito ya se había avivado, y les cobraba a sus padres por hacerles las cuentas, por lo que comenzó a comprarse muchas golosinas, matambre de cerdo en la carnicería (PARA ÉL SOLO), y milanesas de carne, cerdo, cebú, martineta y liebre todo mezlado (en esa época no existían las milanesas de soja).
Al cobrarle a sus padres por sus habilidades matemáticas, comenzó a comer como es debido, y, con el tiempo, dejó de ser un flacuchento pedorro, y comenzó a subir de peso, hasta llegar a un rechoncho y saludable estado que hasta el día de hoy sigue manteniendo.
Pero el ¨Toc toc¨ del destino, un día tocó la puerta de Alfredito.
Un compañerito de su colegio, un niño apellidado Gancia, se regodeaba diciendo siempre: ¨mi papito es de la Europa, ¿viteh?, y algún día me vuá venir a buscar para irme con él para jugar a la pelota, ¿ha vito?¨. El pequeño Alfredito detestaba a ese chico (llamado Bernardino), pero no obstante, y a pesar de sus impulsos iracundos...lo soportaba.
Pero un buen día, Alfredito se encontró a Bernardino en el patio: éste gritaba a los cuatro vientos (en el segundo recreo, entre las clases de corte y confección y carpintería), que ¨su papito iba a venir a buscarlo e iba a llevárselo con él¨ sin autorización de su madre.
En otras palabras, iba a secuestrarlo para llevárselo para no pagar manutención, y quedarse con la teca para hacer lo que se le cante el quinto forro de las pelotas.
Grueso error: Alfredito esperó hasta el tercer recreo, y cuando éste estaba a punto de finalizar, llevó a los trompicones a Bernardino hasta el baldío, que se encontraba apenas a la vuelta del colegio, lo arrinconó, y haciendo oídos sordos a las súplicas del niño, lo golpeó hasta el límite de lacerarle tres costillas, generarle heridas internas en los riñones, hígado y pulmones, y quebrarle en tres partes su tabique.
(Sin olvidar que además sodomizó al pobre bernardino con una botella de caña ¨Legui¨, cosecha 1916).
Justo antes de irse, y susurrarle al oído ¨te movés de acá antes de mañana a la tarde, y te meto una petaca de Bols entera en el orto, y te la doy vuelta tres veces de costado¨, dejó su marca registrada por el que se lo conoció mundialmente más adelante: introdujo un largo, punzante y fino lápiz ¨Faber Castell¨ en el ya muy castigado ano del niño y le dijo ¨hacé tus deberes nene¨, y se fué.
Al otro día, un tal Gianfranco Gancia se hizo presente en el colegio, preguntando por su hijo Bernardino. Alfredito, previo a maniatar a la directora, rectora, vicerrectora y a su propia maestra, además de amenazar de muerte al conserje, a los demás maestros y a todo el alumnado, se presentó a sí mismo como Bernardino frente al señor Gancia.
El hombre, con lágrimas en los ojos, exclamó un ¨¡mi caro piccollo hicco mío, tu sei le frutto della mía poronguetti!¨, y así, en un pís pás, lo tomó de la mano, y se llevó inmediatamente a Alfredito en un barco para la Sicilia, la ¨patita¨ de Italia, en el sur.
Allí, Alfredito estudió en el ¨Santa Consiglieri della Metralieta¨, un colegio de pupilos para niños ¨especiales¨. Pero no especiales de esa forma: sino de la otra (o sea, para chicos malos, pero no malos de fábrica, sino para los chicos malos ¨malos denserio¨, se entiende, ¿no?, y bueno, y si no se entiende, mejor buscate un traductor, ¡concatenación de espermatozoides muertos tirados por el inodoro y/o una generosa tira de papel higuiénico abollado!).
La vida le sonreía a Alfredito: en el colegio tenía las mejores notas: un diez en amedrentación, nueve en peleas callejeras, diez en presión, ocho en armas blancas y un diez felicitado en armas de fuego, entre otras.
Pero la vida de maleante que en ese momento su falso padre llevaba, no le llamaba la atención (aunque le divertía mucho), y por los bajos fondos del colegio, los niños menos violentos practicaban algo que a Alfredito le llamaba mucho la atención: ¨EL CALCIO¨.
Una tarde de primavera, Alfredito, ya alias ¨Il Matita Macabro¨ (¨El lápiz Macabro¨), se presentó en el patio del colegio, y vió a los niños menos violentos, corriendo como locos detrás de una pelota de trapo.
Esto hizo galopar a su corazón, y en menos de un minuto y medio, realizó una alocada carrera detrás de esa pelotita de trapo, generando quebraduras expuestas de tibia y peroné a dos niños, la pérdida de córnea a otro por un codazo, y la pérdida de conocimiento a un último que nisiquiera estaba jugando, sino solo viendo.
Il Matita Macabro había encontrado su lugar en el mundo.
Después de negociar con su falso padre, y tomar varias clases de manejo de la ira, el mismo lo fichó en la Sampdoria, con apenas once años.
En ese team quebró todos los récords: en siete temporadas, logró quebrar más de ciento cuarenta piernas, sin olvidar esa famosa tarde que los hinchas de la sampdoria recuerdan como la ¨tardi nel corso della fiamma¨ (¨la tarde del banderín en en el ano¨).
Esa tarde, Il Matita sodomizó al juez de Línea con el banderín del córner por cobrarle posición adelantada, en un partido por la final de las inferiores, entre la sampdoria y la Lazio. La Sampdoria perdió ese campeonato.
Pero el juez de línea perdió más...mucho, mucho más (le hicieron un ano contranaura al pobre, porque el banderín le dejó el ano tan desgarbado que no servía ni para cenicero).
Después de eso, Il Matita fué comprado por el Chelsea, pero no jugó un solo partido en ese team, ya que en su presentación oficial en el club, el 24 de noviembre de 1939, el presidente de ese entonces, un tal Jhon P. Special, le dijo al oído en medio de la conferencia de prensa algo que lo perturbó.
J.P.S. le dijo ¨You are a great team player¨, de forma picaresca al oído, esperando una sonrisa de Alfredito...pero Il Matita entendió ¨Puta de mierda, vas a comer mierda y sos una gorda puta porque que nadie te quiere, y por eso yo me río de vos en tu cara y te provoco porque sos un trolo pajerto come liebres de la patagonia chilena que te agarro y te cago a trompadas porque a vos en el colegio te dicen gordo porque sos gordo y te la comés y me estoy cagando de risa en tu cara pelotudo te lleno la cara de dedos te mato a golpes¨.
GRUESO ERROR.
Después de escuchar lo que se le cantó a él, Alfredito sodomizó al presidente del Chelsea con un micrófono marca Panasonic, de doce centímetros de diámetro modelo nuevo ¨de paquete¨ (ni le habían sacado el plastiquito).
Y además, con una parte de un teléfono público que agarró al voleo. Hasta tomó un bidón de veinte litros de agua mineral, pero los de seguridad lo agarraron a tiempo.
Después de eso, tuvo que huir de los hooligans iracundos fanáticos del Chelsea, e Il Matita se enlistó en el ejército inglés, para zafar de que lo linchen y de que (porqué no), le metan un banderín del córner por el orto (con todos quilombos que tenía, lo último que le faltaba era que encima le gustase esa práctica tan, pero tan criticada en ese entonces).
Se dice que fué el soldado que más japoneses mató, ya sea a mano armada, a mano limpia, o con una cuchara tuneada con luces de neón y toda la bola, pero no hay pruebas fehacientes acerca de eso.
Cuando la guerra finalizó, Il Matita desapareció del mapa por décadas, muchas décadas.
Pasaron los sesenta, con todos sus hippies, marihuana y guerra de vietnam.
Los setenta, con sus pantalones pata de Elefante, los militares, los ácidos, los desaparecidos, la cocaína y los putos de los Bee Gees, que por más que uno los baile buscando minitas...¡SON PUTAZOS!.
Los ochenta con...con...hum..., ejem, ¡ah!, ¡sí!, con el campeonato del Mundo logrado por la Argentina en México de la mano de Dios, y...y...¿la moda?, no ni en pedo, em...em...hu, eh...¡AH!, ¡YA SÉ!, ¡LOS LENTOS APRETUJADORES QUE TANTO NOS HACEN COJER!, ejem...ejem.
Y los noventa con sus...¿Machito Ponce?, ¿Clericó con Cola?, ¿me maté a pajas pensando en Fernanda Callejón?, ¿Punta Zero, tranza y nos vamo´ al Río? ó ¿nos vamo´ a Boleros porque las minitas en el centro están en estrella? , mis disculpas, no recuerdo muy bien los noventa.
Y llegó el siglo veintiuno. Y con él, Alfredito ¨Il Matita Macabro¨ Ghirardelli. Apareció, así, sin más ni más, como quien no quiere la cosa en el lugar menos pensado: un canal de televisión.
Pero no en uno de esos pedorros del cable en el que Jhonny Allon te muestra videos de Gladys ¨La Bomba Tucumana¨ mostrando su culo lleno de celulitis, ¿eh?, no no, para nada: Alfredito apareció en un canal en serio.
Un canal con muchas ¨Pelotas¨ (huy no, para, se cambió), un canal que no es un diez, pero es un NUEVE (¡mierda!, ¡se cambió de nuevo este cabezó del orto!), en realidad, un canal que es un SOL para los chicos que quieren hacerse una pajota viendo ojetes y tetas.
Por tres temporadas, fué la estrella, junto a la putona de Eliana Guercio, de ¨Bailando por un Sueño¨, entre otras parejas putonas: estaba renovado, con todas las ganas de danzar, bailar y ser feliz (y usando, cada vez que podía, calzas apretadas para mostrar el bultito).
Ya dejando atrás todo signo de violencia sin límites, había elegido bailar. Y bailó. Mucho.
Muchísimo.
Hasta se pensó de que ¨Il Matita¨ se había vuelto puto, pero no. Todos estaban equivocados, y un solo hombre les hizo dar cuenta de su error.
Un cazatalentos Italiano llamado Gianfranco Ganc..., un cazatalent..., no, ¿no?, no compran la historía si la bato así, ¿no?, bueno, mierda, que hinchahuevos. Dame un segundo...
(Reseteame la máquina que me está saltando el disco boló).
Gianfranco Gancia, el falso Padre de Alfredito, ya no era mafioso, sino un cazatalentos futbolístico.
El mismo ni se acordaba de su hijo, pero vió esa misma noche, en la que ¨Il Matita¨ hacía el baile del ¨Gato del Aire¨ con Eliana Guercio sobre su dedo mayor derecho apoyado en las zonas pudientes de la ¿niña? (el mismo consistía en empernar cual dedal de abuela la cachufleta del gato barato ese, y hacerla guirar lo más rápido posible), y así, sin más ni más, y en un PÍS PÁS, lo fichó para el Waterparty F.C.
Desde Entonces, el antes conocido como ¨Alfredito¨ o ¨Il Matita¨, fué rebautizado por sus compañeros de equipo como ¨El Gordo¨, por una simple razón: por su exhuberante y pintoresca panzota, de la que todas las mujeres que tienen más de 35 ADORAN.
Hace ya un buen tiempo que está haciendo historia, escribiendo una historia de nunca acabar (la misma que siguen haciendo sus padres desde Catamarca, preguntándose para dónde carajos se les fué su pequeño contadorcito que extrañan tanto).
Esta fué, hasta aquí, la historia de Alfredo ¨Alfredito¨ ¨Il Matita¨ ¨El Gordo¨ Ghirardelli. ¡Sigue haciendo historia Gordo!, todos nosotros desde las gradas vamos a gritarte todos los fines de semana para que, otra vez, le cobres alquiler a fuerza de puños a las ¨prostis¨ de la esquina de tu casa...en todas las formas posibles.
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