
La tarde caía. Los hombres charlaban tratando de evitar la congestión de insectos que merodeaban el lugar (jejenes, mosquitos, moscas, coloradas, etc.).
El hombre de gran panza levanta su brazo con un vaso vacío, y espeta: - ¡ENANÍN!, ¡CERVEZA! - . El pequeño hombre, de barba crecida, musculosa poco estética y cigarro en boca, asiente con la cabeza, y se pierde en las sombras del lugar.
Un tercer hombre, de contextura descomunal, se sienta frente a un grupo de mujeres, y hace un baile extraño, quizás como queriendo comunicarse por señas. Otro más pequeño, pero tan o más atlético que el primer pequeño, escupe las palabras mientras se sirve un vaso de cerveza en la mesa: - ¡GORDO!, ¡DEJÁ DE HACER PAPELONES! - .
El hombre de gran panza, mientras tanto, escrudiñaba el bolsillo de su camisa, hasta que finalmente logró sacar una pequeña bolsita con una substancia de color verde amarronado del mismo. Después de eso, el mismo pensó hacia sus adentros, una frase simpsoniana:
- MMMMMMMMMMMMMMMMM....MACOOOOOOOOOOOOOOÑA. -
EL pequeño ser con sombrero regresó de las sombras con dos botellas, que parecían contener aguamiel (cerveza). Con mal talante, el mismo golpeó a las mismas contra la mesa, y se dirigió al hombre de gran panza de no muy buena manera (parecía estar enojado)...
- ¡García!, ¡no soy tu mucama!; ¡la próxima vez andá vos a buscar las putas cervezas! - Después de eso, el pequeño hombre abrió una de las botellas, se sirvió en el vaso más psoiblemente grande que se encontraba ahí, y finalmente se aisló en las sombras, mientras encendía un cigarrillo con un fósforo de una caja ¨tres patitos¨.
A una docena de metros de allí, por la vera de camino, un hombre flaco, alto (y a esa altura de la noche, desgarbado, pero con semblante atractivo), correteaba a una rubia oxigenada en la lejanía, mientras se reía tontamente.
Parecía ser que entre los dos acontecía algo más que una amistad. La rubia oxigenada parecía emular a un felino literal, que entregaba su amor a cambio de un poco de alimento de amor, entre risitas pícaras.
El hombre de contextura descomunal vestía bombachas gauchas y alpargatas, pero tenía el acento de un hombre de ciudad. No obstante en sus adentros pesnaba una y otra vez en tomar ese rebenque que estaba colgado en la pared, para no hacer otra cosa que repartir chirlos a cuanto trasero se le cruzase.
Un quinto hombre, muy flaco, de pelo largo, muy alto y con el semblante cansino, se encontraba también en la mesa, tomando su cerveza y guardando silencio. Las mujeres del lugar le preguntaban permanetemente si estaba bien.
El siempre respondía que sí: dentro de su mente, imaginaba que estaba en un lugar lleno de bellísimas perfectas modelos checoslovacas que lo ignoraban. Estaba en su Mundo. Sabía que eventualmente, una de ellas iba a bajar la guardia (las modelos checoslovacas, no las mujeres que estaban en ese lugar).
Los cinco hombres estaban en su Mundo: el gran hombre, en su salsa. El pequeño hombre sin sombrero, correteando a una de las chicas. El hombre de gran panza picando una piedrita mágica en la mesa. El flaco en ¨mute¨, haciéndose el marulo solo. El pequeño de sombrero, empacado. Y el flaco fumado, haciendo chanchadas por ahí con el bellísimo lince de natural pelaje.
Suenan las dos de la mañana. Y como por arte de magia, se aparece el profe Córdoba en el lugar. PUF. Así como así. En un ¨pís-pás¨.
Todos los hombres lo miran extasiados, mientras el los observa, uno a uno (exceptuando al flaco desgarbado que se estaba revolcando con el ¨cute, cute lince¨ en ese instante).
Después de unos segundos, el profe Córdoba habló:
- MUCHACHO´...VAMO´ QUE EMPIEZA LA PRETEMPORADA DE LO´ AGUAFIESTA´. SÚBANSEN AL AUTO QUE TENEMO´ QUE IR A COMPRÁ´ LO´ GORRITO CON LO´ ADORNITO´ DE PLUMA´ Y TODA ESA BOLACEADA...HAY MUCHO´ CULO´ PARA VÉ´ Y MUCHO CULO PÁ´ TOCÁ. VA´...VA´....VAMO´ LOCO...
Y colorín colorado...la pretemporada había empezado.
FIN!.
No hay comentarios:
Publicar un comentario